Author: Motorizer
•lunes, mayo 09, 2011
IMG_6153 

¿Cómo iniciar esta crónica? Pues como casi siempre que tengo un rato libre: sentándome relajadamente enfrente de la pantalla del ordenador, con música ambiental y haciendo un esquema mental donde organizar todas las experiencias. Y la verdad es que hay mucho que contar. Aún con la resaca de un fin de semana inolvidable se hace necesario plasmar todo lo acontecido.IMG_6119

Nuestro reto de este año era volver al Corredor de los Machos, un lugar algo especial para este humilde juntaletras aficionado, ya que el año anterior mi primer contacto vino acompañado con una cierta “vicisitud”, y como en muchas cosas de la vida, hace que un hombre deba volver a plantearse afrontar nuestras más impactantes vivencias y saldarlas con honor y categoría.

Pero sin querer centrar esta crónica en mi persona, procedo a relatar lo que un grupo de osados montañeros consiguieron hacer, no sin alguna penuria pero con suficiente arrojo como para comérsela con papas, chopped y fideos chinos cocinados en un maravilloso infiernillo.

Tras unas semanas de dimes y diretes, de voy o no voy, de hay que practicar antes o no, teníamos configurados el tándem definitivo: Miguel y su furgona, que se dejaba caer desde la vecina Jaén para Granada, tras asistir a un evento de parapente; José Gabriel y su inseparable “Juan Robles”; Tote y el Cuñaísimo, Jose, nuevo en nuestras lides, pero no en otras más peligrosas; Sera, el gran maestro Jedi del alpinismo; Jorge, el incombustible coleccionista de salvajes aventuras, y en último lugar, un servidor.

Salvo los dos primeros, Miguel y Jose Gabriel, el resto quedamos donde siempre, en Canal Sur, estando casi puntuales a la hora convenida, media tarde. Nuestra intención era llegar a una hora relativamente prudente al Albergue Universitario, para aposentarnos, esperar a nuestros compañeros y cenar antes de irnos a la cama temprano. Como es lógico, estos planes siempre tienen algunas variaciones inevitables.

Arrancamos motores, dividiéndonos en dos vehículos y dirigiéndonos hacia Granada. En esta ciudad había que hacer una parada técnica: Jorge quería hacer unas compras, como el Pretty Man del alpinismo que es. Y a Sprinter que nos fuimos. Buscaba un par de zapatillas de correr, vamos unos tenis de toda la vida que decimos en Almería. Como es algo que no es para pensárselo a la ligera se probó todos los pares que había en la tienda, hasta los de mujer y niño, daba igual que no le estuvieran bien. Era como el cuento de la Cenicienta pero al revés, el príncipe en este caso lo que buscaba era su zapatito de cristal. Y al final encontró no un par, sino dos (esas agresivas ofertas de segundo par al cincuenta por ciento surte efecto). Cuando por fin vimos que había pasado la tarjeta, rápidamente maniobramos protegiendo sus flancos para que no hubiera arrepentimiento, y como guardaespaldas de algún potentado banquero, salimos pitando del recinto escoltándolo hasta el coche, que no quedara ni un resquicio de duda o indecisión.

Los_Machos_Pano_001

La Sierra al fondo estaba envuelta en una nube muy fea, pero fea fea, de las de difícil mirar. Así que sabíamos que allí arriba la cosa no estaba muy fina, al contrario que en la ciudad, donde el calor apretaba de lo lindo. Y así lo fuimos comprobando conforme tomábamos altura: la temperatura comenzaba a disminuir hasta los dramáticos 4 grados, y llegando a nuestro destino, la niebla nos envolvía. Y claro, bajamos muy chulitos de los coches, con nuestras mangas cortas. Nunca he visto a nadie que se ponga algo de abrigo tan rápido como lo hicimos nosotros, y eso que teníamos la ropa en la mochila/maletas ¿Puede ser que atravesemos los tejidos sin abrir las cremalleras? Esa tarde pensamos que sí.

Tomamos posesión de nuestra habitación tras confirmar los datos de la reserva y de que nos entregaran “La Llave”, o mejor dicho, esa peculiar abrecancela amarrada a un bloque de hierro macizo que entre dos tuvimos que subirlo a la habitación. Nuestras literas corridas forman tres pisos. La de arriba se la queremos sortear, o bien a los que presumen de escaladores experimentados o a los que quieren cenar opíparamente unas fabes al infiernillo.

IMG_6143

Es un lujo tener el salón casi para nosotros solos, con la chimenea encendida, la televisión de pago a la carta y el mando a distancia para elegir lo que más nos apetezca y que por democracia unánime se queda en ver películas de estreno. Pero la perfección es absoluta cuando el encargado nos dice que antes de preparar la cena para el resto de huéspedes, nos abre el bar para que bebamos o comamos lo que le pidamos. Obedientes, le pedimos unas cervezas que sentados cómodamente y acompañadas de unas patatas fritas, son el mayor delicatessen que uno pueda pedirse; no necesitamos más.

A esas alturas ya habíamos contactado con Miguel, que venía en su furgoneta, donde dormiría, y con Jose G., que a trote de su Juan Robles se aproximaba hacia nuestro punto de encuentro. Y lo hizo, justo cuando la niebla iba desapareciendo, con lo cual, ya no supimos si ésta lo hizo porque el J.R. la desintegró a su paso, o porque era lo natural que tocaba en ese momento. El atardecer, espectacular, para estar echando fotos hasta que se te disloque el dedo.

Sacamos a la intemperie, una vez instalado el sexto componente de los que íbamos a dormir allí, las vituallas para darnos una cena que nos diera fuerzas en la vigilia que nos iba a tocar hacer, porque lo que se dice horas de sueño iban a ser escasas. Lo infiernillos funcionaron de manera desigual, consiguiendo los dos Joses unas maravillosas sopas, mientras yo me peleaba por conseguir unos decentes tallarines a la carbonara. Fue la primera vez que probé la sopa de tallarines.

Entre meneo y meneo de sopa, llegó Miguel y se agregó a nuestra tertulia manduca. En verdad no éramos aún conscientes que nos quedaban pocas horas para las cuatro de la madrugada, así que el irnos a la cama se nos hizo difícil, pero por fin conseguimos cerrar los ojos. Nos esperaba un gran día.

Amanece. Bueno, mejor dicho, suena el despertador a las cuatro de la mañana y está todo muy oscuro. Crees que es una broma de mal gusto, pero no, irremisiblemente no puedes remolonear en la cama y hay que tocar diana al resto de compañeros. Somos espectros que lentamente nos vestimos, vamos al baño e intentamos hablar en voz baja y no hacer ruido, cosa a veces difícil. Y llega la decisión ¿qué me pongo? Seguro que fuera hace un frío que congela hasta a los cubitos, así que hay que echar toda la artillería.

IMG_6152

Fuera tampoco hace tanto frío y conforme empecemos a andar nos va a ir sobrando ropa. Miguel está ya listo y espera pacientemente a que vayamos bajando al vestíbulo del Albergue. Lo llevamos todo, así que, “to tiezo pa’rriba”.

Es de noche, y eso produce una sensación placentera: no hay viento, hace frío pero se está muy bien y Granada tiene su traje de noche, con sus luces allí a lo lejos. Aún no hemos tocado nieve, pasamos por la imagen de la Virgen que sirve de pórtico de entrada a la aventura. No hay marcha atrás. El silencio se ve roto con el familiar y deseado crujir de la nieve sobre nuestras pesadas botas. Vamos charlando, pero a veces callados, porque son momentos para disfrutar, aún queda para el amanecer y nuestros frontales son la única guía que tenemos. Yo creo que es unánime la sensación de libertad, de sosiego y de placer entre todos los que estamos allí. Incluso Jorge se limita a llevar su  frontal y no sacar la espada láser.

IMG_6157

No tiene mucha complicación e historia llegar hasta las Posiciones del Veleta, ni tampoco mucho que contar. Vamos subiendo hasta ese punto, a veces con algunos montañeros, que como nosotros, han madrugado, buscando, tal vez, otros destinos distintos al nuestro, o el mismo, quien sabe. Lo comprobaremos cuando estemos allí.

IMG_6162

El sol ya ha hecho acto de presencia, creando un ambiente mágico, onírico y llenando de vida el mundo. Sus primigenios y tímidos rayos nos calientan y animan a seguir y cuando comienza a tomar protagonismo, llegamos a las Posiciones. Toca esperar, ya que otros han llegado antes y están montando el tinglado para bajar. Mientras, aunque con frío, nuestros ojos se posan en el maravilloso Corral del Veleta, en la cantidad de nieve, pero también en los vestigios de los grandes aludes que se han producido, y eso nos hace tomar conciencia de dónde nos vamos a meter. El Cerro de los Machos, y su corredor, a mí personalmente me vigila, y yo a él, no nos quitamos ojo, como en esos duelos a media tarde en el Lejano Oeste. Toca estudiar todos sus movimientos y no dar ningún paso en falso que lo ponga en ventaja.

IMG_6172Los_Machos_Pano_007DSC04238

Les cedemos el turno a tres que van a hacer el canuto del Veleta, cosa que nos agradecen pero que nos aconsejan no volver a hacerlo, y por fin, nos llega el gran momento. Uno de los puntos clave del día. Sera lleva ya un rato frotándose las manos, y no precisamente por el pelete que pega a esas horas y en ese sitio. Se encarga de montar todo el tinglado y como en la carnicería se va pidiendo la vez. Tote hace de avanzadilla para ser el punto de apoyo en la base del rápel. Llega al suelo no sin antes sufrir algún que otro contratiempo con la cuerda pero que gracias a su experiencia logra solventar holgadamente.

IMG_6187

El siguiente en la lista es Jorge, que cámara en casco se dispone a estrenar en estas lides. Bajo la atenta mirada de Sera y dándole éste claras y precisas instrucciones baja. Los minutos pasan eternamente, pero por fin escuchamos por el walkie que se ha reunido con Tote. La colectiva respiración contenida explota y un gran júbilo y regocijo se palpa. Houston es una fiesta estruendosa. Le siguen Jose G., Jose el cuñaísimo y Miguel, que  bajan sin problemas.

IMG_6190IMG_6198 IMG_6201 IMG_6204 

Me toca a mí, mientras, otro grupo de tres ha rapelado usando un parabolt a nuestra derecha, y le enviamos la cuerda. Ellos también van al canuto del Veleta. Bajo pegando saltitos y con gran velocidad, pero pronto mentalmente me digo que no me emocione mucho, que no pertenezco a los Hombres de Harrelson y que son muchos metros los que quedan. El brazo se carga y entran ganas de pisar terreno más estable. Toca sortear una grieta de nieve muy fea pero con un pequeño salto más arriba se queda. Me reúno con Tote.

Sera se merienda el rápel y bajamos los tres a reunirnos con el resto. Si arriba nos estábamos quedando pajaritos ahora sobra ropa. No hay viento y el corral hace de olla, cociéndonos poco a poco. Nos colocamos en un buen sitio para desayunar lo que nos habían preparado en el Albergue y nos disponemos a salir dirección al inicio del corredor. Tenemos que tirar casi de Sera porque el canuto del Veleta le atrapa con cantos de sirena, allí tan blanco, tan majestuoso, tan imponente, pero tan vertical… el año que viene le damos candela.

IMG_6205

Ahora toca ir tranquilos, pero no tanto, la nieve comienza a ablandarse con el aumento de la temperatura y la presencia de restos de aludes nos obliga a apretar esfínteres y no entretenernos. Hay grandes bloques de nieve, así que mejor pasar rápido.

IMG_6216 IMG_6217 IMG_6220 IMG_6222

Con un pequeño pero apretado destrepe en nieve nos asentamos en la base del corredor. Aquí ya la nieve no nos gusta nada, muy húmeda y se deshace con facilidad. Tenemos que hundir pies y piolets hasta el fondo para afianzarnos lo mejor posible, aunque siempre dentro de la precariedad.

IMG_6225 IMG_6226 IMG_6228

Sera va enchufado, seguido de Miguel, Jose, Jorge, Tote y Jose G. Yo cierro el grupo.

Ha llegado el momento. Me mentalizo a que esto no va a ser igual que el año pasado, me tranquilizo, pero la tensión la llevo muy latente. Sé que necesito estar concentrado, esto es entre el corredor y yo, entre la nieve y la montaña y un insignificante hombre. Tengo muchas cosas presentes, y eso me hace que por cada movimiento que hago, tres los tengo bien sujetos. No suelto uno hasta tener los otros agarrados. Y así avanzo, metro a metro, segundo a segundo, pioletazo a pioletazo. Cada patada con los crampones a la nieve incrusta mis pies lo más adentro en ella y me aleja de mis “vicisitudes”. No tiene muy buena pinta el corredor, es un caos de nieve heterogénea, con bloques y descompuesta en muchos sitios, pesada en otros y dura en las umbrías. Sigo metiendo mi piolet en las entrañas de la Bestia, es una batalla entre un minúsculo David y un blanco e imponente Goliath.

IMG_6229 IMG_6231

Comienzan a caer pequeñas cantidades de escorias de nieve, buscando el valle. Nos protegemos. Sé que esta vez no me toca, todo lo contrario, tengo que subir y llegar hasta al final, y lo consigo. Podemos sortear todas las dificultades y por fin celebramos la salida de este particular infierno. Ahí quedan mis fantasmas más amargos, alejados a golpe de piolet y de patadas con más alma que fuerza. Las botas se me han aflojado del ajetreo que les hecho pasar.

IMG_6239

El premio nos espera: unas vistas increíbles de todo lo que nos rodea, platos de lujo con el mantel más blanco que uno pueda desear. En el grupo es todo euforia y celebración. Jose va un poco tocado pero aguanta el tirón. Sera, que ha perdido los guantes, y Jose G. ya están viendo por dónde tira la Fidel Fierro por si eso de que hagamos el año que viene el Corral del Veleta, vamos a ver. Don Erre que Erre es un hippie pasota de la Cala de San Pedro al lado de ellos. Tendremos que contentarlos algún día por supuesto.

IMG_6251 DSC04272_Recorte 2

Disfrutamos de un merecido descanso, pero sin demorarnos mucho. Hacemos fotos, grabamos en vídeo, tomamos algo de aliento, otros desbeben, pero descartamos hacer el cerro de los Machos, pues supondría una ida y vuelta y el consiguiente retraso. Así que toca otra de las fases delicadas del día: la travesía por el Paso de los Machos.

IMG_6253

Hace mucho calor, el sol da de lleno y el estado de la nieve empeora a ojos vista. Mientras la travesía es horizontal no existe mucho problema y pasamos bajo el Zacatín y el Salón paseando. Pero a la altura del Veleta la cosa comienza a cambiar. Las cornisas de arriba no son una visión muy apetecible precisamente, sobre todo porque pueden desmoronarse en cualquier momento, así que apretando que es gerundio.

IMG_6265 IMG_6268 IMG_6273

Cuando miramos hacia abajo vemos que cualquier fallo puede suponer caer muchos metros, y en algunos tramos a lugares que no nos gustan ni un pelo y de consecuencias fatales. Así que, de nuevo concentración, medir los movimientos milimétricamente y no pensar en otra cosa que en lo que estás haciendo. Tote sufre un desafortunado resbalón que le deja un recuerdo en forma de labios reventados que sólo queda en un susto (y que luego parecería el hermano pequeño de Carmen de Mairena). Jorge y yo esperamos a que se recupere y proseguimos. La fila se alarga y vamos desfilando lenta pero continuamente. Es ahora cuando piensas que por qué estás allí, cuando podrías encontrarte en cualquier lugar mucho más cómodo y seguro. Vale, de acuerdo, pero después no tendría esa satisfacción interior que provoca enfrentarte con tus límites.

IMG_6277

La gran cornisa de nieve quiere abalanzarse contra nosotros, y es cierto que cuando te paras, en el tenso silencio pueden oírse sus crujidos y sus lamentos. Últimos metros, y ya estamos a salvo. A esas alturas yo ya tengo la cabeza para explotar. Son muchas horas al sol y tenemos hambre y cansancio. Hemos coincidido con el grupo que rapelaron a nuestro lado, entre ellos, como no podría ser menos un personaje peculiar: montañero curtido a su estilo particular, que como el Tío de la Vara cruza vasares imposibles a golpe de energía madura y sabia. Con su cámara inmortaliza los grandes escenarios de Sierra Nevada, su fauna y sus singularidades. Como le han dado cuerda, mientras nosotros alimentamos el buche, es nuestra emisora de historias montañeras. Bellas historias con vacas, lagunas y neveros, que a varazo limpio ha surcado y con su particular cámara analógica ha guardado (aunque luego en la tienda le velaran los carretes en más de una ocasión).

IMG_6281IMG_6288

El refugio de la Carihuela se encuentra aún sepultado con una entrada excavada que para lo único que ha servido es para que los cerdos dejen allí sus pertenencias. Por nuestra boca no salen las maldiciones que por dentro pensamos, ya que estamos comiendo y somos de buena familia. Pero todos coincidimos que haríamos con los dueños de esos detritus, y precisamente muy bien parados no saldrían.

Se hace tarde, pero por suerte toca un largo y cansino paseo, sin mayor dificultad hacia los coches, y acompañados por nuestro nuevo amigo durante un buen tramo iniciamos el regreso. Ya vamos cansados, y poco a poco nos vamos despojando de todo el cacharrerío que llevamos encima. El sol aprieta ya de más, te dan ganas de decirle algo. Algunos suben hacia el Veleta, unos bien preparados y otros buscando alocadamente unas quemaduras de primer grado en su orondas barrigotas que lucen orgullosos ante la letal radiación ultravioleta de estas altitudes. Todo sea por presumir el lunes de “no me toques la espalda que me he quemado”. Las imprudencias de la montaña, oiga.

IMG_6295 IMG_6296 IMG_6298

Casi ningún esquiador, podemos decir que la sierra es nuestra, y si no fuera por los remontes, sería una gozada. Aunque parezca mentira, empezamos a pensar que estamos hasta el gorro de nieve, pues vamos a paso de elfo/orco (pisas casi sin rozar la nieve en un paso, y te hundes hasta las ingles en el siguiente). El primer contacto con el asfalto duro ya supone una delicia para nosotros, quién nos lo iba a decir. La lengua pide a gritos ser refrescada, y en nuestros pensamientos se transfiguran todo tipo de botellas rezumando fresca humedad, y conteniendo distintas fermentaciones hidratantes.

DSC04293

La Hoya de la Mora hierve a medio gas, nada que ver a hace unas semanas, pero aún así, tiene muchos visitantes de distinto pelaje, pero predominando las familias, que algunas se asustan al ver a los astronautas que no saben muy bien de dónde hemos salido.

Los coches, allí siguen, para que hagamos el strip tease alpino con el que ponernos, con menos gracia que un chiste contado por Calamardo, ropa limpia y fresquita y quitarnos esas botas que ya nos están cociendo los pinreles, saliendo de ellas mejillones al vapor recién hechos.

IMG_6301

Y por supuesto, a sentarnos a disfrutar de unas merecidas bebidas fresquitas, con vistas al Veleta. Desde esa perspectiva, cualquiera diría que nos hemos tirado 12 horas dándole a la bota. Al final, ha resultado bien la operación. Algunos nos hemos vuelto a enfrentar con nuestras “vicisitudes”, otros ha conocido al monstruo, otros han apuntado una más en su palmarés, pero al final, todos hemos sido protagonistas de esta película que por lo menos, tiene asegurado el Oscar a los mejores escenarios: Sierra Nevada.

Author: Motorizer
•lunes, mayo 24, 2010

IMG_1424

Tranquilo el público femenino, no es que los chicos de AFP vayan a hacer ningún calendario benéfico ligeritos de ropa mostrando sus mejores encantos. Se trata del Cerro de los Machos, en Sierra Nevada, cuyo corredor nordeste iba a ser nuestro objetivo y sueño desde varias semanas atrás.

Así pretendía comenzar la habitual crónica, pero unos interminables segundos más ciento cincuenta metros han cambiado radicalmente mi enfoque de la misma (y de la vida). Quitando esta “vicisitud”, que apareció sin ser expresamente llamada, hay que ser justo y decir que este fin de semana ha sido la invernal más intensa que como colofón final de la temporada se podía merecer.

Tras varios días perfilando el grupo que íbamos a intentar esta actividad, quedábamos al final the four horsemen, Sera, Antonio, Tote y yo. Nuestra intención no era otra que hacer una expedición en toda regla, pasando nuestra fase de aclimatación el día anterior a altitudes superiores al nivel del mar. Así que elegimos el Albergue Universitario como campamento base. Tote se nos descolgaba contra su voluntad a última hora, víctima de obligaciones más poderosas. Así que, a las 17:00 embarcábamos camino de la montaña los tres restantes.

IMG_1315

Conforme estábamos aparcando e ilustrando a un buscador de información sobre rutas de montaña por la zona, recibía la llamada del encargado del Albergue, confirmando que íbamos para allá en menos de veinte segundos.

Ya estábamos alojados, con la pesada losa de un quintal de puro acero galvanizado por llavero; pero en nuestra alocada prisa por organizar todo, se nos había olvidado tanto a Sera como a mí algo vital y muy importante, los víveres necesarios para sobrevivir a la noche, a la mañana y a la ruta.

Caminamos dirección Pradollano, pero en ese cementerio en el que se convierte una vez que cierra la estación era imposible encontrar un supermercado donde adquirir nuestras preciadas provisiones. Fue entonces donde a la desesperada tomamos la carretera para dejarnos caer dirección Granada. Los bares, donde siempre desayunamos en nuestras otras rutas estaban más cerrados que los puños de Steven Seagal, y empezamos a pensar que haber rechazado los calamares en aceite que había en el menú del Albergue no había sido muy buena idea; hasta que al final pudimos cenar en el restaurante de un hotel donde uno de los camareros parecía no haber tenido un buen día. Con la opípara cena en los buches, hidratados y un par de bocadillos para el día siguiente, nos dirigimos a la gasolinera en la que pudimos agenciarnos el resto de avituallamiento que nos faltaba, pese a las reticencias de una dependienta que estaba deseando chapar e irse a ver la Noria.

Nos acomodamos en nuestra habitación y tras una animada charla apagamos la luz. Mañana nos esperaba un día memorable.

Amanece en ese cuarto repleto de humanidad a las seis y cuarto de la mañana. El Veleta se dibuja desde la ventana de nuestra habitación entre el vaho. Rápidamente nos vestimos, preparamos los bártulos y nos dirigimos al punto de encuentro con nuestro contacto granadino, Graciela, con la que vamos a tener el honor de compartir ruta. Presentaciones de rigor, deglución de brownies y ositos Loloo con batidos de chocolate y nos ponemos en marcha.

IMG_1318

La ruta, la de siempre hasta las Posiciones del Veleta, donde conseguimos convencer a Graciela que haga la ruta entera con nosotros. “Es que no tengo ocho”; “Yo te dejo uno o el reverso”. “Es que la cuerda no se ve fiable”; “no te preocupes, las tengo peores”. “Es que tengo un jabalí en el fuego”; “nada, sin problema, churruscao está mejor”.

IMG_1327

Sera prepara el rápel, primer gran evento del día, del cual hay que decir que está de lujo, sin nubes, sin viento, sin calor (como el que lamentablemente empieza a hacer en Almería).

IMG_1334

El primero en averiguar que hay más abajo es Antonio, al que le siguen Graciela y yo, para terminar Sera en una bajada espectacular. Aquí se le reza a San Petzl, San Beal, San Roca para que todo el material por ellos bendecidos no les dé por hacer alguna travesura.

IMG_1343

IMG_1356

IMG_5794 copia

IMG_1366

Salvamos un gran grieta que amenaza con devorarnos, pero por nosotros, que todavía estamos tiernos para su paladar. Aún así, debemos rapelar un poco más hasta donde se acaba la cuerda y de ahí destrepar al Corral. Nos fijamos que hay unos ya enfrascados en el canuto del Veleta, y nos sorprende, con admiración, por dónde se están metiendo esta gente, y sobre todo con qué velocidad avanzan hasta llegar al final.

IMG_1373

IMG_1384

Comenzamos la travesía buscando el inicio del corredor, y por ahora la marcha es bastante cómoda, con una cantidad de nieve que sobrecoge.

IMG_1387

El calor empieza apretar y no pasará mucho tiempo antes de ver las primeras avalanchas de nieve de las cornisas del Veleta. Menos mal que estamos lejos.

IMG_1382

Ya hemos llegado al inicio del corredor, ya se acaba lo “horizontal” y comienza lo “vertical”, donde hay que ponerse fino. Como recibimiento, una dura placa de hielo nos hace extremar las precauciones, y, si es necesario, clavar con firmeza los piolets. Así que, a ponerse  en faena.

IMG_1409

Se avanza relativamente rápido, buscando la mejor huella. La nieve no es que esté en su mejor momento, pero los escalones se pueden tallar y a los gemelos les toca sufrir.

IMG_1410

Casi sin darnos cuenta estamos en el encajonamiento del corredor, de una gran belleza. Yo voy rezagado, esto de hacer fotos es lo que tiene, pero ocurre lo que ocurre: la “vicisitud”; Antonio me dice que se me acaba de caer el bastón y lo veo bajar inexorablemente hacia abajo sin ánimo de frenar, camino del valle. Maldigo todo lo maldecible, y espero a ver si para. Compruebo igualmente que me falta el otro bastón, así que me decido a bajar a recuperarlo. Cuando llego a éste, atisbo a ver si veo al otro, pero no está por ningún lado, y veo que hay una huella de lo que puede ser la de su deslizamiento. Así que tomo una decisión que me ha cambiado la vida: ir hacia abajo y cometer un gran error, es decir, dejar uno de los piolets como ancla a la mochila para aligerarme de peso en la búsqueda del dichoso bastón. Ni corto ni perezoso me deslizo con demasiada prisa hacia abajo para no hacer esperar al resto, destrepando con grandes zancadas en la nieve; otro craso error. Lo siguiente es que me encuentro ciento cincuenta metros más abajo, sin piolet, sin bota, ni crampón izquierdo, ni polaina y dando gracias a que la estoy viendo cincuenta metros más arriba allí, con una posición macabra de alguien a quien le ha sido amputado su pie. A pesar de todo, estoy prácticamente ileso.

Sera baja en mi socorro y me ayuda a subir, no sin antes recuperar mi cámara de fotos, que rodó nieve abajo, y cargar con mi mochila. Para colmo de buena suerte, apareció el otro bastón, un par de metros más arriba de donde ocurrió mi “vicisitud”. Yo estoy ahora mismo roto físicamente, me he desfondado y al respirar siento molestias. Nos reunimos de nuevo el grupo y tratamos de no perder más tiempo, pues la “vicisitud” de las narices nos ha supuesto una hora de retraso.

Mientras, nuevas avalanchas se suceden en el corral del Veleta, con un espectáculo sobrecogedor y un sonido no menos preocupante, nosotros seguimos el corredor, con un final que nos obliga a hincar bien los hierros a base de enérgicos pioletazos. Tras el corredor, la interminable y cansina pala por la que nos encaminamos al cerro de los Machos, el cual coronamos y nos hacemos la clásica foto de cumbre.

IMG_1421

El tiempo, que hasta ahora había acompañado, cambia radicalmente y vienen unas nubes que no nos gustan un pelo, así que toca aligerarnos y caminar hasta el refugio de la Carihuela. Pero claro, esto tampoco es que vaya a ser un paseíto. En la cara sur hay otras amenazas en forma de nieve. Terribles cornisas cuelgan sobre nuestras cabezas y rezamos para que aún no les dé por dejarse caer por allí.

IMG_1433IMG_1436IMG_1438

Con mucha precaución, en mi caso aún más y con más tensión si cabe, comemos metros a la diagonal que nos conducirá hasta donde se supone que está el refugio de la Carihuela. Unos últimos metros, tras pasar otras cornisas que escupen pequeñas bolitas de nieve para recordarnos que están ahí, como gigantes tsunamis congelados deseosos de romper contra todo lo que haya abajo, y ya hemos llegado a un lugar a salvo.

IMG_1445

Esto no es un refugio, es un iglú, porque a parte de estar tapado por la nieve, por dentro está decorado con el mismo material, y hace un frío glacial. Allí coincidimos con unos ilustres foreros de Nevasport con los que compartimos unos minutos mientras devoramos los bocadillos que con tanto mimo nos hicieron la noche anterior.

IMG_5830

Hay que volver, las nubes lo están invadiendo todo y hace frío, ese frío que tanto gusta, siempre que te abrigues, y que te hace olvidar el calor que amenaza ya con quedarse hasta pasado septiembre en estas latitudes.

Atravesamos Borreguiles, sin esquiadores pero sí con su basura, y en poco tiempo estamos ya en la Hoya de la Mora, sanos y salvos, tras casi once horas de ruta, con los objetivos cumplidos y dando gracias a la montaña porque ha sido generosa, sobre todo conmigo, cuya lección la tengo, otra vez más, muy aprendida.

Nos despedimos de Graciela, cuya compañía ha sido tan agradable como sabíamos que iba a ser, esperando volver a coincidir sin que pase mucho tiempo.

Se acaba la etapa invernal, a pesar de la gran cantidad de nieve que hay en la sierra. Esperamos que la temporada que viene sea, ojalá, igual de buena, y que tengamos la oportunidad de poder disfrutarla.

IMG_1447