Author: Motorizer
•domingo, octubre 24, 2010
IMG_3072

Vaya por Dios, es sábado, son las diez de la mañana y no estoy en ningún cerro o montaña, vereda, sendero, pared ni nada que se le parezca. ¿Toca descansar? Nada más lejos de la realidad. Un poco más tarde de esta atípica hora es aproximadamente a la que hemos quedado Jorge, Fernando y yo para salir desde Almería rumbo al Postero Alto. No tenemos excesiva prisa, pues el enfoque del día es asistir a la presentación del libro Las bengalas de Chorreras Negras, un relato de corte histórico, donde se describe y detalla lo acontecido hace unos 50 años, cuando un avión norteamericano se estrelló cerca del Barranco del  Alhorí, en pleno invierno y con un tiempo infernal. Los habitantes de los pueblos de la zona, así como la Guardia Civil y colectivos de montañeros se pusieron manos a la obra para rescatar a los tripulantes y pasajeros, con los pocos y escasos medios de los que disponían. El desarrollo de los acontecimientos viene desarrollado en el libro.

Pues a eso de las diez y media o un poco más, nos enfundábamos en el coche de Jorge camino de Doña María, donde haríamos la primera parada a recoger a Miguel que se sumaba a la expedición. Javi, Tamara y Vanesa vendrían más tarde.

Esto de ir con tranquilidad, sin agobios y sin un plan concebido, salvo el de comer allí arriba en el refugio y estar en la conferencia, nos resulta algo extraño. Así que paramos en Alcudia a hacernos con algunos de sus famosos panes, y por supuesto con las galletas de chocolate que son las lembas élficas del Marquesado de Zenete.

Después de aprovisionarnos ponemos rumbo al Jérez del Marquesado, y por supuesto dando alguna vuelta para desgaste de los neúmaticos del coche. A estas alturas he recibido algunos mensajes de Kristin comunicándome que lo más seguro es que no puedan unirse a nosotros por cuestiones laborales de Dirk.

El camino hacia el refugio no es precisamente una autovía, es una pista forestal que en algunos tramos nos duele cada bache como si nuestros traseros fueran el cárter del vehículo de Jorge. Pero tras sortear lo concurrido del carril, entre ciclistas, paseantes y buscadores de setas, ya estamos en el inicio del cortafuegos. Por suerte, parece que el día acompaña, a pesar de las nubes en las cumbres.

IMG_2997

Estamos a buena hora para subir y llegar justo a la hora de comer, así que los cuatro jinetes del Apocalipsis nos ponemos en marcha, pues en realidad es un paseo subir hasta el Postero desde ese punto. Jorge se comunica con Javi y le da las últimas instrucciones para vernos allí arriba. Y nada, comenzamos a andar.

IMG_2998

Nuestro avance es relajado, dicharachero, chascarrillo para acá, chascarrillo para allá, un chistecillo de los malos cosecha mía, conversaciones que sólo los hombres entendemos, una parada técnica para evacuar, un trago en la bota de vino de Miguel y de pronto, se nos planta delante, desafiante, inmenso y amenazador. No, no es el Balrog de Moria, pero casi primo hermano suyo, y Fer no está por la labor de hacer de Gandalf, y nosotros tampoco. Recordamos que algún familiar suyo nos dio la noche en el refugio del Doctor años ha, cuando devoró como si de un bollo suizo fuera un tronco de considerables dimensiones: allí estaba el bicho trepanador de cerebelos, con sus ojos inyectados en ansia de víctimas, de sangre, y no querer hacer prisioneros.

IMG_3008

Se viven momentos muy tensos, ya que, lejos de ignorarnos espera que nosotros demos algún paso en falso y caigamos en su poder. Miguel se echa mano a su cuchillo tan hábilmente vaciado y afilado por Javi en las forjas de Doña María, pero entre todos le hacemos ver que es imposible enfrentarse a este engendro del averno, no hay conjuro ni arma forjada por ser humano que consiga vencerlo. Jorge idea una maniobra de distracción y con gran pericia dibuja una hembra trepanadora de cerebelos en un papel, en posición sugerente y la muestra al monstruo, en una acción que posibilita nuestra huida mientras las feromonas del bicho hacen el resto. Para cuando se da cuenta, sólo queda nuestra polvorienta estela.

IMG_3012

Este peliagudo episodio nos hace llegar rápidamente al refugio donde nos surge un gran debate: es la hora de comer, llevamos comida, por supuesto, hace un buen día a pesar de estar nublado, pero dentro se está tan agustito que no nos importaría sentarnos como las personas, y con cubiertos y tenedores no parecer rudos montañeros por una vez. Se vota y por unanimidad nuestros macutos no se van a ver aliviados de peso por ahora. Además, el Alhorí se muestra de una manera totalmente otoñal, engrandeciendo si más cabe la estampa que tenemos delante.

IMG_3015

Así que entramos, con en un saloon del lejano Oeste, mirando de un lado a otro del local, pensando que habrá gente observándonos como forasteros que somos y mascullando algún comentario despectivo sobre nosotros: nada de eso, no hay un alma en el comedor, salvo Pedro, el guarda que nos recibe cordialmente y al que le comunicamos que tenemos hambre, que nuestros estómagos rugen más que una galerna en Costa da Morte y que qué nos puede ofrecer a parte de su amabilidad. Migas y… no le dejamos terminar, nos parece bien, perfecto y nos hacemos con unas cervezas mientras nos las preparan.

Pronto llegan el plato de jamón y queso haciendo que nuestros ojos se quieran salir de nuestras órbitas mientras hacen el molino americano; luego llegaría el melón con jamón, puff, un delicatessen que no esperábamos, una botella de vino que pronto está ya escanciada en nuestros vasos, la ensalada, la morcilla con pimientos y por supuesto el gran plato de migas. Nos ponemos como gorrinos, con un aporte de calorías, terror absoluto de cualquier dieta de adelgazamiento, pero, ¿quién dijo miedo? Devoramos, masticamos, deglutimos, ingerimos, batimos mandíbulas, meneamos el bigote compulsivamente y algunos queremos incluso hacernos una traqueotomía para que nos entre más comida, pero ya es imposible, somos de estómagos receptivos y agradecidos, pero no nos cabe más en el buche. Estamos llenos, llenísimos a más no poder.

IMG_3016

Para nosotros ahora sería más fácil rodar que andar, somos bolos embutidos en polartec de colorines. Así que hay que bajar la comida como sea. Ya a estas alturas tengo confirmado que Kristin y Dirk lamentablemente no pueden venir y lo lamentamos. Javi, Vanesa y Tamara están comiendo ya y hemos quedado en vernos directamente en refugio antes de la presentación. Así que cogemos los bártulos y penosamente nos los echamos a la espalda para dar una vuelta que nos facilite la digestión. A la boca nos llegan intermitentemente recuerdos de lo que hemos comido hace un rato, pero bueno, eso es que nos hemos quedado satisfechos, según interpretan algunas culturas.

IMG_3017 IMG_3018

Tomamos el Sulayr para dar un mini paseo y vemos que el otoño ya está instalado, decorando de colorido las montañas y mostrando sus típicos frutos en estas zonas.

IMG_3030 IMG_3029IMG_3045

El sendero se recorre fácilmente, pues no tiene desnivel y pronto llegamos a un punto donde pensamos que ya tenemos que volver para que nos de tiempo a coger sitio en el refugio. A estas alturas, hace ya tiempo que hemos contactado con Javi, Vanesa y Tamara a través de los walkies y nos hacen saber que están llegando al refugio. Así que nos hacemos la foto de “cumbre” o mejor dicho, de bandera y tiramos millas para el Postero.

IMG_3041

Muy ajustados nos encontramos con el resto de compañeros y decidimos entrar a coger algún sitio cómodo para oír atentamente las explicaciones de los autores de libro. Yo me encuentro con varios conocidos del foro montañero, con los que luego charlaría en una agradable conversación. El refugio está atestado, todos pendientes de las explicaciones y lecciones de geografía de Antonio, Lanteirano, un gran conocedor de la sierra y prologuista del libro. La ponencia explica a grosso modo el contenido de libro, el motivo de su edición y de cómo la gente de aquella época se volcó con los accidentados con los pocos medios de los que tenían.

IMG_3063

Al terminar la conferencia, nos obsequian con un ejemplar de libro a cada uno que se reparte ágil y discrecionalmente, para que no haya nadie de los que se ha metido una paliza de coche para estar allí no se quede sin él, y de eso hay constancia de la preocupación para ello. Los autores firman amablemente los libros y posteriormente se le hace entrega a Pedro, el guarda del refugio de una placa conmemorativa por la labor y ayuda prestada en la organización de todo.

IMG_3067

La jornada finaliza, pero claro nosotros tenemos que volver y fuera está anocheciendo a pasos agigantados. El hambre ha hecho acto de presencia de nuevo, aunque Jorge tiene una ligera molestia en una muela y muy a su pesar tiene que moderarse en la cena. Como hace buena noche, nos apalancamos en un banco de fuera y sacamos la comida que llevamos e intentamos compartir como buenos compañeros. Yo saco y escancio, malamente, una botella de sidra natural asturiana, manjar de dioses, pero parece que el grupo está agnóstico esta noche y acabo hincándomela yo solo. En este momento, las conversaciones apenas son inteligibles, pues con la boca llena apenas llegamos a farfullar vocablos más propios de un primitivo idioma que difícilmente traduciríamos salvo algo parecido a “puashame lar bbrota de viono paaa brajar eul fueeteerc” o “aeahtá güerrna la tuotilla de papaarrr”, gronf gronf.

IMG_3066

Es de noche, así que nos hacemos la foto final y tiramos a los coches, que a ver si llego a tiempo de acostarme a las 12 de la noche. Y como es de noche, accesorio obligado, o casi, porque hay luna llena, es la luz. La gente corriente suele llevar un frontal, una linternilla, pero es que no somos gente corriente. Jorge, emulando a un jedi, desenfunda su cañón de luz, como si de una espada láser fuera y de pronto, se hace de día. Jorge no lleva una linterna, es un bazooka que dispara luz. Nosotros no queremos que nos enfoque, por miedo a morir abrasados. Por eso decidimos que vaya delante, pero lo que conseguimos es que el camino se vaya convirtiendo en alquitrán. Ya llegando a los coches, oímos y vemos a unos zorros que huyen despavoridos. Jorge los apunta con el cañón de luz: A día de hoy la gente habla de los Zorros Metrosexuales del Postero, a los cuales alguien les hizo una fotodepilación gratis y en las noches de luna llena se les oye aullar recordando esa gratuita sesión de estética.

En el coche esperaba mi pan, y mis galletas que con tanto deseo había comprado para comerlas allí arriba y que por mi mala cabeza había olvidado. Esta noche, estoy paladeando su crujiente y sabrosa textura.

En fin, terminó una jornada más de montaña, algo diferente más enfocada a lo lúdico cultural que a lo andarín. Algo para enriquecernos más si cabe y que siempre viene bien, que te hace conocer el valor que tiene nuestra sierra.

Author: Motorizer
•domingo, febrero 07, 2010

IMG_0340

(Conversación interceptada por los servicios secretos)

Águila Floja: “Roger, Roger, ¿me recibe?”

Kakao Maraviyao: “Roger, aquí Kakao Maraviyao, le recibo, alto y claro”

Águila Floja: “Aquí, Águila Floja. Abortamos misión Ubeire, los elementos están en contra, imposible el objetivo, grandes masas de hielo impiden la ascensión. Repito, abortamos misión Ubeire”

Kakao Maraviyao: “Recibido, Águila Floja. Procedemos pues al protocolo Alfa Lfa, repito protocolo Alfa Lfa. Órdenes: convocar a las hordas para Postero Alto, ataque inminente”.

De esta manera se iniciaba el dispositivo alternativo a no poder subir el fin de semana al refugio de Ubeire. Postero Alto se convertía en objetivo prioritario, una ruta apetecible, sencilla y con buenos impactos para las retinas.

Ésta vez nos juntamos tres, los tres del Doctor, el trío Calaveras, que encima nos pusimos de acuerdo, casi sin querer, para parecer la Orquesta Caramelo, al ir conjuntados de riguroso rojo y negro. No madrugamos mucho, a las ocho y un poco más estábamos Jorge y yo camino de recoger al tercer elemento, Jaime, y de ahí, al clásico, sublime, inevitable y siempre adorado (el roce hace el cariño) Montellano. Desayuno de rigor, esta vez sin música After Hours, pues los rudos cazadores de gatillo fácil igual se lo habían puesto difícil al D.J. (no vimos ninguna ranchera pick up con ningún trofeo humano sobre el capó, la verdad sea dicha).

Rumbo a la Calahorra, y de ahí, tuve que hacer un esfuerzo sobrehumano para poder controlar el volante y que mi coche no torciera torticera y testarudamente hacia la Ragua (¿qué habrá allí que tanto le atrae?). Pasamos Lanteira, y antes de llegar a Jérez del Marquesado, les indico a Jaime y a Jorge que a la vuelta pararemos a coger agua de una fuente que Antonio nos enseñó cuando intentamos el Alhorí el año pasado.

Dejamos el coche al inicio del sendero, toca andar, y ni siquiera me planteo ver cómo está el carril que sube a Postero, nos da igual, se sube desde la punta de abajo. Jorge enchufa su gps, nos ponemos los bártulos y “to tiezo” hasta arriba. Por ahora vamos por un camino cómodo entre castaños, algunos de prodigioso porte, pero ahora desnudos por el invierno.

IMG_0304

Cruzamos el río Alhorí y tomamos el margen derecho del barranco de Alcázar. Pasamos por las ruinas de la antigua central hidroeléctrica y ya sólo tenemos que seguir por la pista que atraviesa perpendicularmente el cortafuegos.

IMG_0312

Pronto llegamos a los corrales antes de cruzar la pista que lleva a la Tizná, donde ya se ven los coches de la gente que está más arriba y que le muestran más aprecio a sus vehículos que otros que vamos viendo conforme avanzamos por el cortafuegos, pues esas muestras de cariño van desapareciendo paulatinamente en salpicadas ocasiones, hasta que se llega al dominio absoluto de los todoterrenos. Queda poquito para el Postero. El Picón se adivina en la lejanía. Hay un montón de nieve.

IMG_0321

Llegamos, hay ambiente animado y vemos que viene más gente desde el Alhorí. Llegan de hacer corredores por el Circo del Alhoría, en vista del material que portan. Entre el gentío montañero se recorta una familiar silueta, pensativa, con la vista fija en la lejanía y portando una lata de bebida isotónica pulcramente retorcida. Me pregunto si es o no es, y a la iniciativa por su parte de hablarnos, reconozco su voz. Lanteirano, ilustre forero de Nevasport. Confirmo tal hecho e inmediatamente entablamos una ilustrativa y amena conversación sobre geografía serrana,  historias de rescates, mientras Jaime y Jorge depredan el tarro de alioli con colines que traía el segundo. Nos despedimos de Lanteirano para meternos dentro del refugio y tomar algo más allí.

IMG_0327_Lante

Jorge va tomando nota y datos precisos sobre el refugio, cada losa, la disposición de las mesas, el número de habitaciones, tarifas varias, telarañas, mugrecilla entre baldosas, astillas de las vigas. Mientras, nos pedimos la oferta más variopinta que se pueda pedir en un bar: una fanta de limón, una cerveza y un té, no precisamente por ese orden. A tamaña petición tiene que acompañar una no menos singular tapa sorpresa: Pedro el guarda del refugio, nos obsequia con unas migas recién hechas, que aunque en sus palabras nos dijo que no pegaba con el té, he de decir que en la montaña pega todo, y más con hambre jamelga.

IMG_0331

Estamos muy a gusto, pero tenemos que irnos, hay que tocar retirada y regresar al coche.  El Red Black Team recoge las mochilas y con todo el dolor de nuestra alma debemos abandonar el refugio. Jorge sigue inmerso en sus pensamientos más profundos, imaginándose las chimeneas del salón repiqueteantes de chispas de los leños, mientras yetis venidos de lo más profundo de la montaña se calientan a la lumbre a la par que sus castigadas botas se secan. Vamos, que está decidido que hay que pasar una noche allí o en el Poqueira, o en los dos sitios.

El camino lo tomamos pausados, vamos sobrados de tiempo pero tampoco es cuestión de dormirse en los laureles. Y cuando tomamos una velocidad de crucero digna del más experimentado pateador de cerros, nos encontramos con una procesión de la Cofradía del Santo Cencerro, que nos ralentiza el paso. No es cuestión de molestar a las cofrades que van con calma y pasión. Esperamos pacientemente a que guarden el paso en el río, y nos dejen la vía libre, cuando la última nos lanza una mirada entre misericordiosa y de mala leche vacuna.

IMG_0351

Tras esta anécdota el coche está muy cerca. Estamos en buena hora, así que retomamos el camino y paramos donde les prometí, buscando la ansiada fuente, que como la fuente de la juventud que buscara Ponce de León en Florida, tenía propiedades extraordinarias, o por lo menos, un sabor muy rico, incomparable con nada de lo que se hubiera probado antes. Es triste decirlo, la fuente no mana, no creo que por defecto de agua, puesto que el río bajaba caudaloso. Tal vez cortada por la voluntad del hombre, creo yo. Lo siento por mis compañeros de viaje.

IMG_0356

Nos consuela el paisaje, tan invernal y falto de vida aérea, pero con la corriente del agua como protagonista.

IMG_0361

IMG_0359

Hoy ha sido un día para disfrutar, para ver, para tomarlo con tranquilidad, y esperando volver a repetir.

IMG_0347

Author: Motorizer
•lunes, mayo 11, 2009
IMG_6187

Un fin de semana más volvimos a las andadas. Todavía tenemos ganas de nieve y aún queda mucha en la sierra, en un año que esperemos que sea la tónica durante un periodo largo. Teníamos planeado el conocer el Circo del Alhorí, sus cascadas, su corredor, y el objetivo marcado esta vez era incluso subir al Picón de Jérez, otro tresmil de Sierra Nevada. El tiempo y las condiciones no acompañaron, pero a cambio, tuvimos una jornada con una ruta muy gustosa, mezcla primaveral e invernal, donde la nieve va dejando paso al verdor de la jovial estación.

Para esta ocasión, nos juntamos unos cuantos ya organizados y convocados previamente, así: María del Mar, Ana, Olga, Antonio y un servidor; y otros, agregados espontáneamente, pues en el maletero de mi coche había dos polizones, a los cuales les obligamos a pagar su viaje con la condena de acompañarnos: Caiollu y un bebé al cual, su chupete siempre amenazaba con taladrarle el esófago. Su material “técnico” fue amablemente transportado por Ana y María del Mar.

IMG_6191

Salimos como siempre de Canal Sur, y al recibir un mensaje de Olga diciendo que se iban directamente, quedamos en reunirnos en mitad del camino, y así desayunar. Como en muchas ocasiones, el lugar era Gérgal, donde nos avituallamos bien de tostadas y bebida caliente. Y de allí, a Jérez del Marquesado. El día estaba nublado, pero confiábamos que sólo se quedara en eso. En seguida tomamos la pista forestal camino del refugio, y aunque era transitable, la subida por el cortafuegos me hizo dudar de dejar el coche allí o más arriba. Decían que habían arreglado el acceso, pero pronto pudimos comprobar que si eso había sido así, el crudo y duro invierno se había encargado de deshacerlo. Pronto nos encontramos con grandes grietas y cráteres en mitad del camino, teniendo que maniobrar con mucha precaución, hasta llegar a un anchurón donde decidimos dejar los coches. Total, nos quedaban apenas un kilómetro y medio hasta el refugio de Postero Alto.

Postero_Pano_001Pues nada, era el momento de prepararse, y como siempre, con una subida para entrar en calor y animarnos a seguir. No tardamos en llegar al Postero, que ya tenía su parking bastante lleno. Seguimos andando y tomamos la dirección del río, por una senda amplia y cómoda, entre pinos, con un verdor primaveral espectacular.IMG_6127

El agua era el auténtico protagonista, ya fuera en forma de nieve, de cascadas, de ríos, y nosotros, privilegiados testigos de como la vida surge tan explosiva después de un frío invierno.

IMG_6128

El refugio se iba empequeñeciendo conforme íbamos ascendiendo y ya nos quedaba ir hacia delante, en busca del barranco por donde discurría el Alhorí, salvaje, con fuerza y dando vida a su alrededor. Ana iba como una campeona, después de haber temido que su larga pausa montañera le iba a pasar factura, pero es que, una vez tomado el ritmo, no había quien nos parara. De todas formas, ya íbamos preocupados por lo que se nos podía avecinar, ya que las nubes estaban algo “belicosas”.

De pronto, al acabar la senda, se nos presentó el barranco propiamente dicho, ya estábamos para meternos en el berenjenal, y mirar hacia arriba daba impresión, miedo, pavor, acongojamiento. Glups, mi nuez tragaba saliva compulsivamente, pensando en que no iba a ser muy fácil llegar hasta el circo, pues se veía gran cantidad de nieve, y con el deshielo podría ser muy peligroso.

IMG_6131

Tras unos prados de un verde intenso, bajamos hacia el arroyo, el cual brotaba de unos túneles de nieve impresionantes. A lo lejos divisamos a cinco personas en un nevero, que más tarde pudimos comprobar que estaban practicando autodetención sin ayuda de piolet.

Y fue al pasar cerca de ellos, cuando sucedió la tragedia. Yo me quedé más rezagado haciendo fotos, mientras el resto cruzaba el arroyo por los borreguiles; me quedé en el otro margen, y comencé a ascender, buscando por donde cruzar, sin darme cuenta que estaba caminando por encima del río. Olga y Antonio comenzaron a gritarme, y luego Ana y María del Mar, pues ellos veían que estaba andando por encima de una fina capa de nieve, de un frágil puente que estaba a punto de desmoronarse bajo mi peso. Y pasó lo que tenía que pasar. En un breve resumen, intentaré mostrar lo que ocurrió en esos nanosegundos que transcurrieron desde la voz de alarma hasta la hecatombe: mi mente pensaba en qué fotografiar, en exposición más o menos larga para lograr algún “sperm river”, en que cruzar estaba cada vez más chungo, y por el rabillo del ojo vi a los demás haciéndome aspavientos para llamar mi atención; primero pensé que me estaban saludando, incauto de mí, pero pronto comprendí que eran llamadas de atención, de peligro, de danger, achtung, de quítate de ahí, insensato, sal echando leches, Dios mío que se la pega; Era demasiado tarde: el suelo se abrió bajo mis pies, fagocitado inexorablemente hacia un destino incierto, era una escena dantesca, en la que me vi devorado por Sarlacc, la criatura del Mar de Dunas de Tatooine, pero en versión nevadensis. Mi vida volvió a pasar rápidamente por mis ojos, mientras buscaba mi espada láser con la que deshacerme de los tentáculos de la muerte. Por suerte, me hundí y di pie sin más contratiempo que mojarme las botas, y quedarme aprisionado por la nieve que se había desmoronado. Conseguí salir y buscar cruzar el río ya de una manera menos arriesgada. Lamentablemente, esa no fue mi única caída durante el día.

IMG_6148

IMG_6158 IMG_6162

La nieve ocupaba el barranco en su totalidad, y seguimos subiendo, con el mencionado barranco encajonándose cada vez más. Pero las opciones de subir, viendo lo inconsistente de la nieve no hacía muy aconsejable seguir, con miedo a hundirnos, y con el añadido de la lluvia que había empezado a caer acompañada de viento. Antonio inspeccionó el terreno, pero consideró que había mucho riesgo, sobre todo porque no todo el mundo del grupo tenía crampones. Así que decidimos buscar otra alternativa.

DSCN4536

Tomamos una senda o trocha en dirección oeste, buscando lugares más despejados de nieve y que pudiéramos refugiarnos del viento. Este itinerario fue una verdadera oportunidad para que Antonio nos ilustrara con su sapiencia botánica, descubriéndonos plantas que para muchos pasarían desapercibidos, como el té de la sierra, uno de los tesoros de este macizo, violetas de Sierra Nevada, mejorana o sabinas y enebros rastreros, enseñándonos multitud de utilidades culinarias de estas plantas.

Llegaba la hora de comer, y nuestros estómagos así lo exigían, por lo que buscamos un lugar donde protegernos del viento, y con buenas vistas. Una privilegiada atalaya dominaba dos valles, y se estaba a cubierto del viento. La lluvia nos había dado un respiro y había que aprovechar. Pronto sacamos las viandas y comenzamos a jalar. En esta ocasión el detalle delicatessen fue una quesada pasiega que fue bien recibida por todos, y es que en el campo todo saber mejor, y si son estos caprichos, mucho más.

IMG_6180

Tras hacer el ganso un rato, fotos de rigor y reposar la comida, rápidamente comenzamos a bajar campo a través, pues nuestra intención era coger el sendero sulayr y de ahí volver al Postero alto. La roca estaba húmeda y más de uno nos dejamos acariciar por algún piorno en nuestras posaderas. Una vez llegados al sendero, parcialmente cubierto por plantas, fue fácil llegar hasta el río, que cruzamos sin mayor problema. El camino de regreso se hizo sin mayor contratiempo.

Era buena hora, así que pensamos en bajar a Alquife y ver las minas, el hoyo de más de 100 metros de profundidad que horadaron las compañías mineras. Pero antes, nos tomamos un refrigerio en el refugio de Postero Alto, refugio de Alta montaña, pero con fácil acceso para todo aquel que tenga un buen todo terreno y quiera comer un día en la sierra, con lo cual, es también un improvisado restaurante de montaña. Tacones, botox y silicona se mezclan contrastadamente con las embarradas botas y las sudorosas chaquetas y cremas solares de los sufridos montañeros.

IMG_6218Tras coger los coches, y conducir como si estuvieras operando a corazón abierto, hasta alcanzar la pista, nos encaminamos hacia Alquife, tal y como habíamos programado, haciendo antes una parada en la carretera, para poder beber de una fuente, dentro de la umbría del bosque de un río, cuyas aguas tienen un sabor que no tiene nada que envidiar a las más reputadas y reconocidas marcas que se comercian. Llenamos unas botellas, hicimos unas fotos a un castaño gigante al otro lado del camino y seguimos hacia delante.

Cuando dejamos el coche ante el recinto minero, un “amigo” del este nos inquirió que no se podía pasar, que era propiedad privada, a lo cual, Antonio respondió con una contundente diplomacia, argumentando que veníamos en son de paz, no portábamos armas y que sólo íbamos a ver el hoyo. Fueron momentos tensos, en los que esperamos que en cualquier momento el individuo sacara su kalashnikov lleno de muescas e hiciera un barrido sobre nuestras cabezas. Por fortuna eso no sucedió, y nos permitió el paso.

Postero_Pano_008

La visita al reino de la escoria, la ruina y el polvo rojo fue muy didáctica, imaginando desde cómo sería la vida allí, a que era el escenario perfecto para una película donde los protagonistas van muriendo poco a poco a manos de un asesino en serie. Era la hora de despedirse, puesto que Antonio y Olga se quedaban en Lanteira. La lluvia nos acompañó hasta Almería.

Ahora tocaba descansar.